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.:: Carta para el último príncipe azul ::.

29 enero, 2010

Buenos días último Príncipe Azul,

Llevo una temporada sin saber de ti, pero hoy has vuelto a mi memoria. Tú, todas tus poesías, y aquella forma tan personal para conseguir que me enganchara a ti. Todos aquellos mensajes, todas aquellas horas hablando sin decir nada, y los pocos kilómetros que parecían separarnos tanto como el mayor de los océanos. Me hiciste feliz y aun no he sabido como darte las gracias, pues jamás me atreví a devolver con mi prosa tus poesías.

Ahora, tanto tiempo después, cuando ya ha terminado todo, guardo para ti el mejor de mis recuerdos, y siempre que me necesitas, intento estar ahí. Somos tan diferentes que muchas veces nos necesitamos para enfrentarnos al mundo. Tú, el último príncipe azul que queda, buscando a la princesa prometida entre mil arpías que juegan con tu corazón, haciendo que pierda ese matiz que lo hace único entre millones, mientras lames tus yagas esperando que se curen pronto y no dejen marca. Y yo, la Gamberra Poeta, que luce con orgullo sus gloriosas heridas de guerra, aún sabiendo que con el tiempo se convertirán en horribles cicatrices.

Creo que nos equivocamos de época, tú eres del romanticismo, y yo, bueno, de cualquier vanguardia que aún esté por venir. Fue el destino quien quiso que nuestros caminos se cruzaran, que nuestras almas fueran inseparables por un rato, y que ahora, más espabilados, con más latigazos sobre nuestra piel, seamos dos personas que ya no se necesitan nunca, excepto en esos momentos en los que nos hace falta lo que sólo el otro nos puede dar. A ti una aguja, para pinchar ese globo en el que vuelas y hacerte volver al mundo real, y a mí un empujón que me haga abrir las alas, alzar el vuelo e ir tan lejos como el corazón me lleve.

No comprendo como pudimos comprendernos tanto, compartir tanto, y necesitar al otro más que a uno mismo. Siendo tan distintos como somos, me sorprende incluso que podamos hablar de tantas cosas sin llegar a enfadarnos. No gozamos del triunfo, pero ¿quién dijo que el mundo no es para los perdedores?

Escribo esto, que jamás te dejaré leer, esperando que nunca pierdas ese duende que vive dentro de ti y te susurra que sigas creyendo. Al igual que yo se que mis demonios siempre vendrán conmigo. Pero ellos me hacen más fuerte, igual que ese duende te hace seguir buscando lo que algún día espero que encuentres.

Mandaré esta carta atada al espolón de un águila imperial que se dirija a un confín del universo donde nunca irás. Y si el destino quiere que la encuentres algún día, no me culpes por no habértela enseñado. No quiero que tu corazón dirija su mirada hacia otra cosa que no sea su incesante búsqueda.

Sabes donde encontrarme, sabes que cuando me llames, aquí estaré. Cuando la princesa se suelte la melena y te tire como a un juguete roto, yo apareceré a tu lado, tendiéndote mi mano para ayudar a levantarte y hacer que recuerdes, con una sonrisa, que puedes llegar a donde quieras, porque yo velo por ti en todos mis silencios.

Me despido, desde este sendero ya tan alejado del tuyo, con una sonrisa tan cruel como las de antes.

Un abrazo, pues estos siempre son sinceros,

La Gamberra Poeta.

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