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Pequeña Saltamontes Trasnochada

4 febrero, 2010

Frío diciembre, sale de casa y arropa a la luna. A sus espaldas una mochila tintinea y, por delante, toda una noche que llenar con la gama del azul. Planeta, océano, cerúleo, himalaya… tanto escondido en esos nombres.

Se encuentra con dos amigos, caminan junto a las vías del tren hablando en susurros y ahogando risas, siempre atentos al horizonte. Ya es tarde y pasan pocos trenes. Les acompaña el incesante tintineo, los hombros comienzan a quejarse, pero hacen oídos sordos. Al fondo se divisa ya la estación, ella se recoge el pelo y tapa su nariz con el forro polar.

Cruzan y se esconden entre unos matorrales. Ya en silencio, y cuando el último tren para en la estación, la eternidad se congela en unos segundos. Sacan sus armas y engordan su ego un poquito más. Cuando ya casi han acabado, una señora los ve.

“Vámonos”

Ella hace dos trazos más mientras uno de sus amigos saca la foto. Luego corren lejos de las vías hasta que les tiemblan las piernas. Se miran asfixiados y sonríen. Están en el medio de la nada, dentro de una oscuridad rodeada por el aura de la ciudad. Se tumban en el campo y miran las estrellas. Ella cree oír el mar, aunque sabe que esta lejos, demasiado lejos. No puede dejar de sonreír.

Mas tarde cogen un bus y van a un parque de las afueras, saltan la verja y colorean mil trazos, ella siempre en azul, aquel día solo en azul. Azul como el mar. Los guardias, correr otra vez, siente su respiración como el mar que azota el acantilado. Se siente viva.
Vuelven a seguir el camino de las vías, firman cada señal para hacerse un hueco dentro del acero y la piedra, para que el mezquino olvido los olvide, para recordar mañana donde han estado. El sol sigue escondido entre los edificios del este, abre una cafetería, son los primeros clientes. Se sientan y miran las fotografías, encienden unos cigarros, charlan y se echan una partida de pocker. Ella pierde los pocos botes que le quedaban pero no le importa. Salen y se despiden.

“Llámame”

“Lo haré”

Despierta al sol y entra en casa. Sin hacer ruido se quita la ropa y te roba una camiseta para usar como pijama. Se escurre entre las sábanas lentamente para no despertarte.

“Mañana nos vamos a ver el mar” – Te susurra. Aunque no lo notas, se erizan los pelos de tu nuca.

Hace un pequeño hueco a tu lado y se queda dormida en el mismo instante en el que te despiertas. Te quedas un rato mirándola con miedo de despertarla si la abrazas. Coges una caracola de la mesilla y se la acercas al oído un rato. Parece feliz. Al final vuelves a quedarte dormido preguntándote qué habrá hecho esta noche tu pequeña saltamontes trasnochada.

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2 comentarios
  1. Este me ha gustado mucho, has descrito a los personajes a través de la historia y viceversa. Vías trasnochadas.

    Un abrazo

  2. Supongo que a veces es la historia quien moldea a los personajes y que otras veces sucede al revés.

    Vías trasnochadas con la ciudad iluminada de fondo. Uno de mis escenarios preferidos para escribir.

    Un saludo!

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