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.:: Meiga ::.

29 marzo, 2010

Cuando acudí a nuestra cita en el camposanto, su mirada me dio miedo. Un aura extraña la envolvía, su pelo se me antojaba más rojo que nunca, sus ojos exhalaban un tétrico poder sobre mi. Solo veía su piel descubierta iluminada por la luna llena.

Un búho ululaba a lo lejos.

Ella se erguía al lado de las tumbas, inmune al frío del lugar. Pensé en aquelarres, licántropos, vampiros y demás seres malvados tan recurrentes, los aparté de mi cabeza. Se acercó y me besó. Fue un beso tán calido que me congeló. Se apartó y dijo, al aire más que a mí, a modo de conjuro:

Nunca te prometí un rayo de luz.
Nunca te prometí un atardecer para cada día.
He volado tan alto que ya no consigo ver el suelo.
Ayudame a bajar porque esto es culpa tuya.
No pertenezco a este lugar.

Nunca más la volví a ver.

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