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.:: El corazón de los mercenarios ::.

14 abril, 2010

Lo habían atado a una silla, y al estar encerrado en un garaje sin ventanas, había perdido la noción del tiempo. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Un día, quizá dos? Apenas había dormido, cada ruido, por minúsculo e insignificante que fuera, lo despertaba. Su corazón ya había dejado de latir taquicárdico, ahora se sentía derrotado, ya estaba muerto.
Un joven, alto y flacucho, desgarbado pero con paso firme, entró en la sala. Dejó la puerta abierta y él, desde su silla, pudo ver a una camarera que lo miraba compasiva mientras fregaba la barra. Debía de ser de noche.

– ¿Dónde está Sheridan?- el joven arrastraba cada sílaba en un intento por contener su rabia.

– No lo sé- y no mentía.

El primer golpe fue el que más dolió, le reventó el labio y la sangre comenzó a chorrear libre. Él escupió, el joven lo miraba y al no obtener una contestación, volvió a descargar su puño contra el secuestrado. Le dio una paliza, los golpes se sucedían, casi sin descanso. Nadie diría que aquel chico tan delgado supiera pegar duro, pero valla si lo hacía. Finalmente se cansó, y desesperado, se fue dejándolo a oscuras.

Más tarde entró la camarera. Su figura esbelta atrajo toda su atención a la tenue luz, a pesar de estar casi inconsciente. Ella le limpió las heridas con cuidado, en silencio.

– No deberías cabrear a mi hermano, ya has visto como se pone.

– No puedo decirle algo que no sé- le dolía pronunciar cada palabra, seguramente tendría alguna costilla rota.

– ¿No lo sabes?

– No.

– Eres su hijo, tienes que saberlo.

– No tenemos… la relación que la gente cree.

– Entiendo…-Ella sacó un arma de la parte trasera de sus vaqueros y vació el cargador sobre el hombre. El joven, alertado por el tiroteo, entró alarmado en el garaje. Miró a la mujer, inquisitivo.
– Si no podemos saber dónde está Sheridan, haremos que venga a por nosotros.

– No tienes corazón- el joven pasó su brazo por la cintura de la mujer, la atrajo hacia sí y la besó.

– Si lo tuviera, no estaría contigo.

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One Comment
  1. Michaelangelo Barnez permalink

    Dear Pilar… Leí y releí tu cuento buscando algún detalle que hubiera perdido en su lectura… Finalmente, no logré comprenderlo. ¿Quizás esa era la intención?
    Saludos

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