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.:: Erase/Rewind ::.

17 abril, 2010

Habían tenido que pasar cincuenta años. Medio siglo, casi una vida. El suyo fue un amor de verano, un reto para él y un capricho para ella. Quince días de besos robados, la ruptura, y tres meses sin ponerse de acuerdo, cuando él quería volver a intentarlo, ella no y viceversa. Fue entonces cuando se lo dijo.

Pasé la noche de San Juan en la playa, rodeado de hogueras, bebiendo cerveza y mirando el mar. Pero lo único que faltaba para que todo fuera perfecto, eras tú. Prométeme que el año que viene, iremos juntos.
A pesar de lo que pueda parecer, se trataba de una proposición totalmente inocente. Eran dos personas que se llevaban bien, engañaban al tiempo cuando estaban juntos, no se juzgaban entre ellos, aunque les encantaba comentar a todos los demás.

Las buenas intenciones no lo son todo, y el año siguiente no pudieron estar juntos, poco a poco la vida los distanció. Novios, trabajo, otras ciudades, más tarde cónyuges, hijos e incluso nietos. Ninguno llegó a olvidar aquella invitación, aunque el orgullo de ambos les impidió admitirlo. Y el tiempo fue pasando lento a ratos, con una promesa sin cumplir que les quemaba el pecho.

Se encontraron varias veces, a lo largo del tiempo, pero mantuvieron las distancias. Se ponían al día en unos minutos y cada uno seguía su camino, lamentándose, al despedirse, de no haber arrancado unos segundos más a aquel encuentro.

Tuvieron que encontrarse en un funeral de un amigo común, libres por fin de toda atadura: él divorciado, ella viuda, jubilados y con los hijos emancipados. La casualidad quiso, caprichosa, que aquella misma noche fuera San Juan, la fecha prometida. Y ella, consciente de que las oportunidades como aquella serían escasas, y que a su edad ya no tenía nada que temer, le recordó tímidamente aquella promesa. Los ojos de él brillaron, a pesar de los estragos del tiempo, las arrugas, la vejez, aquellos ojos azules seguían siendo los mismos. Tan crueles como antes, el corazón de ella se saltó un latido.

Fue una noche mágica, en la playa, rodeados de jóvenes borrachos, hogueras y mar, consiguieron rebobinar el tiempo, volver a cuando ella era una muchacha de pelo largo, y él un mozalbete inseguro. Se cogieron de la mano, y se emborracharon más de lo que cualquier médico recomendaría con licor café. La gente los miraba raro, dos abuelos no pintaban nada allí, pero ellos sabían que eran la arpía y el cabrón. Hablaron y hablaron, no dejaron títere con cabeza. Se despidieron con un abrazo sincero y nunca volvieron a verse.

Ambos murieron al año siguiente sin dejar nada pendiente.

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2 comentarios
  1. leticia permalink

    me ha encantado!! pasa que dejamos historias pendientes a veces, no tendre los años de tus protagonistas pero ya he pasado por eso

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