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.:: Si no sabes a dónde vas tampoco importa llegar tarde ::.

29 abril, 2010

.:: Historias complicadas ::.
Capítulo 3

– ¿Como dices que se llama ese tío?

– Bogavathi – respondió Sookie algo irritada.

Lía seguía enviando mensajes a Rango, que tenía las llamadas restringidas, mientras mentaba a sus muertos uno a uno, por orden alfabético. Observó de reojo a Sookie, su escueto vestido blanco, su forma de andar lanzando la cadera de un lado a otro con cada paso, esa cara perfectamente simétrica, enmarcada por una larga melena rubia a mechas y los zapatitos de princesa que, sin duda, no eran el tipo de calzado adecuado para recorrer varios kilómetros sobre las piedras de la vía. Cerró la mano izquierda en un puño dentro del bolsillo de sus Adiddas y respiró profundamente varias veces para no llamarle de todo menos guapa allí mismo. No era un secreto que se odiaban, posiblemente por inercia, y no podía ser de otra manera cuando Gustavo había dejado a Sookie para estar con ella. Enemistad natural.

– ¿Estás segura de que los vamos a encontrar?

– Todas las noches los Dos Bros salen a pintar entre las estaciones de Vicálvaro y Asamblea-Entrevías.No tienen pérdida. Ellos nos dirán donde está Bogavathi.

Lía observó el reloj frustrada, las cuatro y media. Llevaba poco menos de una hora al lado de aquella arpía a la que no soportaba.”Soy la maestra Zen. Soy el centro tranquilo del mundo” se repitió por enésima vez. Miró hacia el cielo, había luna llena. Mientras tanto, Sookie apretaba los dientes, cagándose en Rango y dándole vueltas a por qué coño Gus la había dejado por aquella chica, con la que ahora iba a casarse, lo que le faltaba. No imaginaba a Lía vestida de novia, ni siquiera con un vestido. ¿Y con tacones? Caminaría como si estubiera pisando huevos, estaba segura. Una sonrisa cruel se bosquejó en sus labios cuidadosamente pintados.

– Ahí están- anunció orgullosa.

Dos siluetas dibujaban sincronizadamente una B gótica sobre el muro. Al oir las pisadas de las chicas,se detubieron en seco y dirigieron su mirada hacia ellas. Tras observarlas unos segundos, decidieron que no eran un peligro y volvieron a su tarea.

-¡Eh, vosotros! Estoy buscando al Boga.

-¿Y que necesita un pivón estirado como tu de él?- Sookie reaccionó a su tono burlesco mirándolo con odio.

– Estoy hasta el culo de que no me tomeis en serio por estar buena, joder. Acabaré haciéndome una cicatriz a lo Scarface a ver si empezáis a respetarme de una puta vez, gilipollas de los huevos. Quiero preguntarle por un colega que tenemos en común, ostias, aunque no sé que coño os importa.

Lía se preguntó cuantos tacos sería capaz de meter Sookie en una sola frase.”Normal que no te tomen en serio con esas pintas de fresca.” pensó. Uno de los graffiteros señaló una edificación iluminada a lo lejos, no dijo nada más. Al acercase, Lía se dió cuenta de que era una de las casas de Renfe en las que antiguamente vivían los guardagujas, hace tiempo deshabitadas.

– ¿Y dices que Javi venía aquí cuando se escapaba?

– Sí, era algo así como el protegido de Bogavathi. Que yo sepa, hace un par de años que no pasa por aquí, pero tus suegros- escupió la palabra con asco- querían asegurarse. Por cierto, no menciones a Gus.

La puerta estaba abierta, entraron sin llamar, las recibió una voz rota y un intenso olor a opio.

– ¡Sookie, mi rubia del coñito de oro! ¿A qué debemos el honor de tu visita?

El tal Bogavathi, de unos treinta años, tenía la constitución física de un buda. Una mujer que estaba en los huesos, demacrada y semidesnuda, dormía sobre su barriga, mientras su gemela, con los ojos desencajados jugaba a la Xbox absorta. Sookie se acercó y lo besó en la frente, poniéndole el escote en la cara, algo se alzó en sus pantalones y Lía reprimió una arcada. ¿Qué relación tendría Javi con aquel personaje? El inmenso hombre despertó a la mujer, que se apartó rauda, acomodó a Sookie sobre sus rodillas y comenzó a acariciarle la entrepierna, ella se mordió el labio seductora, pero en sus ojos fríos solo había indiferencia.

– ¿Sabes algo del Rango, amor?- ronroneó.

– Hace demasiado que ese niñato desagradecido no pasa por aquí.

– Es una lástima- Sookie apartó su mano con firmeza, se colocó las bragas y se levantó-. Está desaparecido en combate y necesito encontrarlo. Seguiré buscándole. Si te enteras de algo…

– Te llamaré. Pero ya sabes que nada es gratis princesita.

– Sabré agradecértelo- Lía no quiso pensar en lo que eso significaba.

Una vez fuera, cuando ya no podían oirlas, Sookie gruñó con rabia.

– Lo odio, que puto asco de tío- un par de lágrimas resbalaron por su mejilla-. Cualquier día lo mato y me queda limpia la conciecia.

Lía se quitó la sudadera y se la tendió, con aquel vestidito debía de estar helada, pareció relajarse un poco, pero no se atrevió a agradecerselo.

– Bueno, a lo que vamos. ¿Dónde buscamos a nuestro idiota ahora?- Sookie volvía a parecer la fría arpía desalmada de siempre. Y Lía sintió lástima por ella al preguntarse como había acabado relacionada aquel hombre despreciable.

En el horizonte empezaban a adivinarse los colores del amanecer.

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