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.:: Terreno vedado ::.

19 mayo, 2010

.:: Historias complicadas ::. Capítulo 5

Cuando el metro llegó a la parada del aeropuerto, Rubén salió de la última puerta del segundo vagón, la más cercana a las escaleras mecánicas, y ejecutó movimientos rápidos y eficaces para subir la escalera, salir del metro, recorrer con paso ágil las cintas transportadoras sin apenas rozar a nadie, volver a subir otro tramo de escaleras y dirigirse a la salida frente a los mostradores de facturación cual autómata. Al abrirse las puertas automáticas, el frío se coló bajo el cuello de su ropa y le recorrió la espalda consiguiendo estremecerle. Sacó un cigarrillo que llevaba en su mano desde antes de abandonar el tren y ni siquiera saboreó las primeras caladas. En su teléfono móvil ya lo aguardaba una llamada perdida de Sara que no vería hasta aquella tarde.

Volvió al interior de la terminal donde se saco dos capas de ropa y se encaminó mas tranquilo, con la cabeza gacha y arrastrando los pies, hacia la cafetería que estaba junto a los controles que precedían la puerta de embarque. La voz que lo llamó era limpia y suave, levantó la vista y la vio sentada en uno de los sofás de las mesas del fondo, sacó una de sus manos del amplio bolsillo delantero de su sudadera roja y la saludó mientras sonreía amargamente. No dejó de mirarla mientras pedía que le sirvieran un té con leche en la barra.

La tez pálida de su rostro se sonrojaba levemente en las mejillas, tras tanto observarla, Rubén reconocía este tenue rubor bajo el maquillaje. Sus ojos, que nunca supo definir como verdes o marrones, lo observaban acercarse mientras los dientes perlados se dibujaban entre los labios. El de arriba fino y elegante, el de abajo carnoso y besable, ambos rosados. Se apartó un mechón rizado de su melena rubia, que apartaba de su cara, enmarcándola, con horquillas colocadas de tal modo que era imposible verlas. Él siempre la había comparado con una muñeca, era simplemente preciosa, y que apenas pareciera darse cuenta de ello convertía su belleza clásica en perturbadora.

Esperaron media hora manteniendo una conversación insustancial hasta que ella, algo nerviosa, miró el reloj.

-¿Dónde se mete Rango? A este paso el vuelo se irá sin él.

-Estará despidiéndose de Silvia – contestó Rubén en un susurro y se encogió de hombros. A Sara no pareció gustarle la respuesta.

-Claro… Silvia- masculló el nombre con rabia, lo llamó pero su número tenía las llamadas restringidas, dejó el teléfono sobre la mesa con un golpe y se cruzó de brazos-. Bueno, ¿y que tal les va?

-No lo se, últimamente no lo he visto mucho. Desde que pagó la fianza del piso hay que pedirle audiencia al Papa para poder verle, así que supongo que bien, si algo le rondase la cabeza me habría llamado para tomar unas cañas.

-Al principio siempre es así ¿sabes?

-Los comienzos de una relación, ya lo sé.

-No, me refiero a él. Me costó conseguirlo, no se si te lo ha contado…

-Me contó una vez que se había trabajado todas tus amigas antes de que vosotros…- por un momento se sintió culpable de recordarle a Sara aquel momento que sabía que le dolía a pesar de haber pasado ya tres años.

-Si, era muy gracioso. Salíamos todos juntos y él se acostaba con ellas en cualquier portal, pero al final, siempre venía a mi casa, a dormir conmigo. Solo dormir… Me abrazaba y todo eso, y yo, algunas mañanas antes de que se despertase, le robaba un par de besos. Pero conscientemente nada.- recordar esto pareció divertirla un poco.

-Tuvo que ser un momento complicado para ti…-Rubén no comprendía por qué no odiaba a Rango por aquello, cómo había acabado siendo su novia durante algo más de tres años cuando había sido tan cerdo con ella.

-Tenía quince años y estaba enamorada hasta la médula. ¿qué iba a hacer? Esperar como una imbécil, pero al final funcionó. Y al principio, como te digo, todo era perfecto. Venía a buscarme en la moto todos los días, me invitaba a cenar, a ir de viaje con él, dormía casi todas las noches conmigo, todos los días 25 aparecía con un ramo que tenía una rosa por cada mes que llevábamos juntos…- le brillaban los ojos al recordarlo, con la mano en la barbilla y sus ojos brillantes perdidos en el infinito. Rubén sintió un vacío en el estómago y apuró su taza de té sin dejar de mirarla- Era un príncipe azul. Además, de aquella, Sookie y Gustavo también estaban juntos y claro…

-¿Tavo y Sookie?

-Si. Mi prima y su hermano estuvieron juntos hasta que Lía se metió por medio. ¿No lo sabías?

-No.

-Pues si, pero como te estaba diciendo, poco a poco empezó a olvidarse de los detalles. Al principio no le di demasiada importancia. Me engañaba ¿sabes?- él asintió- Pensaba que estaría rayado con el trabajo, o con su madre. Sabes que siempre me ha odiado ¿no?

-Algo he oído Como cuando empezasteis fue la época en la que Rango desaparecía días enteros para ir con El Boga, supongo que será eso.

-Rango por un porro de maría de la buena vendería a esa zorra que tiene por madre, tenlo claro. Pero a lo que iba, cambió, poco a poco. Y al final la situación se hizo insostenible, pero como soy tonta pues me acordaba de todos los detalles que hacía tiempo había tenido conmigo y nada, seguía bebiendo los vientos por él.

“Aún lo haces” pensó amargamente Rubén.

-Y al final, cuando le dije que iba a estudiar biología marina en Vigo, me dejó, sin más.

-Fue una situación difícil también para él.

-¡Venga Kaos! No me cuentes películas… ¿Que la distancia iba a ser un problema? Si, claro. ¡Ja! Vigo queda muy lejos, la distancia mataría nuestra relación porque el no podía ir a trabajar allí. ¿Pero a Ámsterdam? ¡Qué va! Si queda aquí al lado. Que no quería seguir conmigo y punto. Me revienta pero empiezo a hacerme a la idea, porque tampoco me queda otra opción. Decidió por los dos como el egoísta que es.

Rubén miró el panel de las salidas, al lado del anuncio del vuelo para Ámsterdam parpadeaban en rojo las palabras “Última llamada/Last call”. Hasta que cuando el reloj marcó las doce en punto, la información del vuelo desapareció.

-Creo que este ya no viene- dijo con el tono bajo que siempre utilizaba con Sara.

-¿Sabes qué?- dijo ella sonriendo- ¡Que le den! A él, a Silvia, a Ámsterdam y a todo. Vámonos a mi casa que te voy a poner una buena comida, que mírate, estas en los huesos- él sonrió mientras ella se levantaba para pagar en la barra.

Él puso la mano en la parte baja de la espalda de Sara cuando esta se acercó a la puerta para empujarla suavemente, ella se giró y sus caras quedaron muy cerca.

-¿Sabes, Kaos? Tú si que eres un buen amigo – sonrió.

Y lo peor es que era cierto. Él siempre sería el amigo y ella la ex-novia de su colega. Estaba vetada.

Le pasó la mano por el pelo, revolviéndoselo, mientras él frenaba las suyas para no abrazarla por la cintura y susurrarle al oído todo lo que sentía.

-¿Recuerdas cuando te conocí? Tenías el pelo más largo que yo. Y tan negro… Me encantaban tus greñas- le dio un sonoro beso en la mejilla y echó a caminar hacia el parking.

Él la siguió hasta ponerse a su lado, jugando nervioso con la cajetilla de tabaco dentro del bolsillo de su sudadera.

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