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.:: Encuentro ::.

9 junio, 2010

“Asómate a la ventana :)”

El corazón sacudió todo su cuerpo, que aún se encontraba bajo el confortable nórdico, y releyó el SMS incrédula, el día era hoy. Miró la hora, como él le había advertido, exactamente las diez de la mañana de un día cualquiera. Saltó de la cama y se acercó sigilosamente a la ventana, a través de las cortinas vislumbró una silueta, era él. Corrió temblando hacia el baño, se atusó rapidamente el pelo y se pellizcó las mejillas para darles un poco de color. Dió las gracias al cielo, a pesar de no creer en ningun dios, por haber elegido una camiseta y un pantalón que consideraba bastante decentes para dormir la noche anterior y bajó descalza las escaleras. Sin preguntar pulsó el botón que abría la puerta del jardín y salió.

El frio golpeó su cara, él estaba de espaldas, cerrando la puerta, cuando se dió la vuelta, la miró a los ojos desde los cinco metros que los separaban, bajó la vista y sonrió. Ella se quedó petrificada, clavada al suelo, era más alto de lo que esperaba, fue lo único que pensó. Haciendo un coloso esfuerzo, movió un pie y luego otro para bajar los escalones y recorrer el camino de grava que los separaba, él volvía a mirarla con ojos brillantes. Al estar por fin a escasos centímetros, ella creyó oirle susurrar “hola pequeña”. Sin decir nada, alargó la mano lentamente y le acarició la cara, sintió un estúpido alivio cuando él no se desvaneció en una nube de humo, y solo entonces, se atrevió a mantenerle la mirada.

“Prometí darte ventaja, pero me lo estás poniendo difícil”

Era la primera vez que escuchaba su voz rota, que podía ver su sonrisa, los pelos se le pusieron de punta mientras sentía que se ponía colorada, él la envolvió en un cálido abrazo y ella se sumergió en su pecho, sintiendose completamente tranquila por primera vez en varios meses. Sería imposible saber cuánto tiempo estubieron abrazados, un segundo eterno, que él solo terminó para acariciar su cuello y besarla por primera vez.

Y fue entonces cuando ella se dió cuenta de que todo, la espera, los nervios, la ignorancia, la fe ciega, los celos sin sentido, el miedo, la distancia, el sufrimiento, la impotencia, los sustos, las horas pegada al ordenador y las facturas de Movistar, habían valido la pena.

Él la cogió en brazos y ambos desaparecieron dentro de la casa.

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