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Swallow Lane N.º 6

15 junio, 2010

Susan es una fábrica de hacer dinero

Susan nació la primera de tres hermanas en el seno de una familia acomodada y excesivamente conservadora, lo cual no percibió hasta la adolescencia. Cuando llegó entusiasmada a casa tras comprarse su primera minifalda, el padre la abofeteó e hizo caso omiso a los argumentos de Susan, que se reducían a “Todas las llevan”, mientras él arrojaba la prenda al cubo de la basura. “En esta casa no viven putas”, aquellas palabras quedarían grabadas en su mente por mucho tiempo. Fue la primera bronca gorda que tuvo con sus padres, amenazó con irse de casa y su padre le dijo que no le daría más dinero para ropa. Su madre agachó la cabeza y calló, como siempre.

Los hechos de aquel día fueron el desencadenante de todo, la motivación que le hizo falta para ponerse las pilas y conseguir una fuente de ingresos alternativa. Comenzó a vender apuntes, a dejarse copiar en exámenes por precios módicos, con los beneficios compraba ropa y maquillaje que escondía sagazmente por todos los lugares de la casa y se ponía en los baños del instituto. No podía lavar la ropa en su casa, por lo que una parte importante de sus ingresos iba a parar a la lavandería del barrio vecino, así que pronto conocía todos los métodos de robo en las tiendas. Nunca la pillaron.

Para salir, necesitaba la ayuda de Lizzie, en casa de la que se quedaba a dormir muchos fines de semana. No tenía un éxito escandaloso con los chicos como podía tener Brook, pero alguno caía de vez en cuando. Nunca repitió con el mismo y nunca se dejó caer en redes del amor, a pesar de tener varios e insistentes pretendientes.

A los quince años le tocó hacer un trabajo con Zeke, y contra todo pronóstico, congeniaron realmente bien. Este le ofreció lavar la ropa en su casa, pues sus padres nunca estaban, y se hicieron amigos. Su padre siempre había tratado con desdén a su vecino, por lo que para estar en su casa, Susan necesitaba la ayuda de Lizzie. Descubrió en Zeke un alma complementaria, a pesar de que nunca se inmiscuyó en sus negocios, nada de competencia desleal. Decidieron no pasar de la amistad, aunque todo el barrio pensara que ahí había algo más. Los unía un vínculo realmente especial, fue él quien la animó a hacer un ciclo para conseguir dinero e irse de casa el mismo día que cumpliera dieciocho.

Hizo un FP de gestión de empresas contra las intenciones de sus padres, comenzó a trabajar a los diecisiete y la misma mañana que cumplió dieciocho años se despidió de sus padres para nunca más volver a hablarles. Vivió con Zeke durante dos semanas, mientras encontraba un piso en el centro, y se convirtieron en la comidilla del barrio. Cuando se fue, solo Zeke y Lizzie sabían dónde estaba.

Trabajó duramente hasta los veinte años, cuando decidió montar una franquicia, esta le fue tan bien que en dos años pudo traspasarla con un amplio margen de beneficio. Con ese dinero montó un pub, que más tarde también vendió. Hizo esto con tres empresas más hasta que, a los treinta y uno, encontró algo que realmente le gustaba: un Showroom. Vivió con lo justo durante unos años hasta que el importante capital inicial comenzó a dar unos beneficios importantes, pero actualmente gana más dinero del que puede gastar y es feliz con lo que hace.

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