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Deepé

11 agosto, 2010

Se sentó en un banco, lo miró a los ojos. Esos ojos grandes y fijos, inmóviles.

¿Por qué?- preguntó en voz alta como si él pudiera contestar.

Lloró hasta quedarse tranquila, para conseguir expulsar de su cuerpo un poco de la amargura y desdicha contenidas. Al observar de nuevo el rostro de él, se fijó esta vez en su sonrisa sarcástica, tan familiar. Se levantó y acercó la mano a su rostro, para acariciarlo una vez más. El cristal se lo impidió.

Deseó poder coger y abrazar aquella fotografía situada bajo el nombre de él y la inscripción D.E.P., pero había olvidado las llaves en casa. Colocó un poco las flores de la maceta del nicho y salió del cementerio arrastrando los pies.

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2 comentarios
  1. que triste. u.u

  2. en breve toda la tristeza contenida, aflora en tu magnifica prosaUn abrazo rub

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